¿POR QUE REALIZAR UN CURSO DE MEDITACIÓN?

Escrito por lamatashienasturias 23-06-2014 en budismo y meditacion. Comentarios (0)

Todas las tradiciones espirituales dicen que, “en un momento dado de nuestra historia individual o colectiva, “caemos”, hemos perdido el paraíso, la condición original de la mente.

 Dicha caída implica la pérdida de la conexión con la totalidad,  la sensación de sentirnos desconectados, que es una clase muy dolorosa de distanciamiento. Para tener realmente una sensación de ello, imaginémonos un niño de dos o tres años que ha estado más o menos continuamente con su madre y luego se le separa total y repentinamente de ella. ¿Cómo se sentirá este niño? ¿En que condición estará? Incluso si el niño sobrevive, la vida pierde su sabor y se vuelve vana. No sólo hay vacío, sino también duelo y depresión. Por lo que dicha sensación de desconexión constituye un estado muy infeliz, en el que se tiene la sensación de que quien más amas es inalcanzable e inaccesible.

 

Todos los esfuerzos humanos son, en última instancia intentos de recuperar dicha conexión, intentos de volver acasa, de regresar a donde nos sentimos contentos y sin preocupaciones, donde experimentamos que las cosas simplemente son como deben ser.

Todos trabajamos en la misma tarea de regresar a casa, sean cuales sean nuestros proyectos y empresas. En el ámbito de las pasiones, es decir, de la motivación carencial y en función del carácter, unos lo buscamos a través del amor y las emociones intensas, en intentos de fusión con el otro, esforzándonos por  vivir en continuo éxtasis y ser el centro de atención y de admiración; otros a través del reconocimiento, status y aplauso, ya sea sexual, social o profesional/económico; otros perseguimos la valía perdida mediante un proceso de “autorefinamiento”, buscando ser algo diferente y “mejor” de lo que se es; otros lo buscamos en el ansia de enriquecimiento, sobre todo intelectual, lo que acaba en vacío y empobrecimiento; otros a través de la búsqueda infructuosa de seguridad física y emocional, que se transforma en ansiedad; los hay que buscamos la abundancia, intentando obtener del exterior experiencias y sensaciones placenteras,  otros a través de la acción para conseguir el placer y el poder para encontrar el placer, y otros a través del pertenecer, haciendo nuestras las necesidades de las demás, a la vez que olvidamos las propias. Y los hay que buscamos la falsa abundancia manteniendo una conducta acorde a un mundo de principios implícitos en nuestra mente o explícitos en normas legales, tratando de ser personas de carácter, correctas, superestables y resistentes a las tentaciones.

Todos estos intentos de recuperar nuestro hogar, nuestra valía innata, resultan infructuosos al centrar nuestra actividad en el exterior, lo que resulta en un condicionamiento que perpetúa el sufrimiento y la sensación de carencia.



Pero intentar regresar a casa es una cosa muy engañosa y sutil, puesto que estamos distanciados por el modo en que nos vemos. Recuperar el Origen es, en cierto sentido, el proceso de aniquilarnos a nosotros mismos, puesto que el modo en que pensamos y el modo en que nos percibimos a nosotros mismos, así como los hábitos que esto lleva implícito, es lo que nos desconecta.

Lo que nos desconecta es la ilusión de que constituimos un sí mismo con una identidad separada, por lo que no importa lo que aprendamos, lo que alcancemos, lo lejos que vayamos; dichas cosas no nos volverán a conectar. Incluso hablar sobre conectar constituye una formulación lingüística poco adecuada, puesto que la misma desconexión es una ilusión.

 







 Aunque la desconexión que sentimos no es en última instancia real, la experimentamos psicológicamente como real, puesto que la realidad es tal que nuestras creencias determinan nuestra experiencia. Si creemos que somos entidades independientes, nos experimentamos a nosotros mismos como entidades independientes y, por lo tanto, desconectadas. Por lo que la vuelta a  nuestro estado natural, es una cuestión de educación espiritual; es una cuestión de ver a través de ciertas creencias y hábitos. Ahí es donde la meditación y el camino espiritual juegan un papel fundamental.

Hemos de volvernos, en cierto modo, hacia dentro para poder ver la realidad de un modo completamente distinto al modo en que solemos verla, es como si tuviéramos que desembarazarnos de todo lo que llevamos, lo que significa desembarazarnos de nuestro auténtico sentido denosotros mismos ¿Cómo hacerlo?

Debemos comprender la sutileza de la situación; el modo en que creemos en nuestra identidad separada, la forma en que esta creencia es constante, está cristalizada, enraizada y constituye un profundo convencimiento que hemos tomado por la realidad absoluta.

 

Esta desconexión no es real; las enseñanzas de Buda nos revelan que todas las apariencias son siempre parte y parcela de la Fuente, de un modo universal, en todo momento y situación, y que no son tan sólidas como creemos. Por lo que la desconexión en sí misma es una experiencia subjetiva que está determinada por tener imágenes y creencias concretas en nuestra mente con las que nuestra atención queda fascinada.

Al percibir la ilusión y trabajar con las emociones conectadas con dicha ignorancia de la realidad, damos a nuestra atención la posibilidad de estar menos centrada en la ilusión. De este modo, poco a poco nuestra percepción se libera para ver las cosas tal como son, vamos descubriendo que los velos no son reales, que somos pura abundancia y que dicha abundancia se puede compartir. La tradición llama a esto sabiduría y compasión.

 


La solución completa de este dilema no podrá darse hasta que investiguemos por nosotros mismos real, autentica y sinceramente la situación en su complejidad, en su sutileza y su profundidad, y descubramos por nosotros mismos lo que es la autentica naturaleza de la mente. La ilusión debe considerarse una ilusión, lo que exige una profunda investigación y estudio del contenido de nuestra consciencia y del contenido de nuestro sistema de creencias. La tradición llama a dicha investigación de la mente estudio, reflexión y meditación.


La enseñanza del Buda y los métodos hábiles del linaje auténtico, sostenido por Lama Tashi Lhamo, se ofrecen a restaurar el estado de salud original. Este es el verdadero sentido de la meditación, más allá de los evidentes beneficios físicos y psicológicos que la ciencia ha demostrado sobradamente.